martes, 16 de marzo de 2010

Días de cielos blancos, soles rojos y picor en la garganta

Hoy me saltaré la tácita promesa de poner sólo una imagen por cada entrada en este blog y haré una especie de reportaje.

Por una combinación de factores que hace doce años no ocurrían, los valles de Caracas están repletos de calima (calina) una densa nube de humo de sabanas y bosques incendiados y vapor de agua condensado por la altura, en medio de un sofocante verano, ardiente sequía, como ninguna de, al parecer, los últimos cuarenta años. Ya vamos sin verdaderas lluvias desde la tímida temporada de 2008. Creo que no hay reales aguaceros por estos lados desde 2007. Vaya!

Desde junio del año pasado notamos que las lluvias se habían ausentado. Con más conciencia, en octubre ya sabíamos de una prolongación llamativa e inusual de la sequía. En enero de este año tomé esta imagen, a 3000 metros de altura: la llanura de Barlovento se quemaba masivamente ¡losprimeros días de enero!



Y así se veían los valles de Caucagua ese mismo día...

Barlovento y Caucagua, agrícolas, están al oriente de la turbulenta Caracas, entre 100 y 150 kilómetros. Desde allá soplan los vientos que entran por el este a la metrópoli y desde allá provienen los intensos humos de su vegetación exhausta en las llamas.

En 1998 habíamos tenido esos días de cielos blancos, soles rojos y picor en la garganta, olor a masa vegetal quemada y calor sofocante. Recuerdo los atardeceres paradójicamente magníficos, soles rojos, grandes pelotas que se ahogaban en una densa niebla blanca. Aquello ocurría en una época habitual de sequía: abril.

Pero este año...este año dosmildiez, ocurre lo mismo desde finales de febrero. Y hoy, apenas 15 de marzo, ya hemos visto una semana de soles rojos siendo devorados a las cinco y media de la tarde por una masa de humo blanco, después de mañanas y tardes de cielos nada azules, un velo blanco nos envuelve durante todo el día. El espectáculo de los soles rojos entusiasma a sacar fotografías.


El domingo curiosamente capturé a Lázaro Cárdenas, mirando desde su pedestal de la avenida México uno de esos soles rojos explotando mientras era devorado en un horizonte inexistente, tras una cortina de cenizas vegetales y calientes nubes deshechas,

¿Cuánto más durarán estos soles que ponen áspera la garganta?

No hay comentarios:

Publicar un comentario