Perdón a mí, en primer lugar, por amar tanto y ser tonto por amar sin ser amado.
Perdón a tí, por importunarte cuando vi la oportunidad que creí única y no la dejé pasar.
Perdón a los dos, que no vivimos todo lo que ambos quisimos y en voz alta pensamos, en voz baja dejamos de pensar, en voz mediana vivimos sin pensar y disfrutamos.
Perdón a quien vea este muro que casi nadie ve, escondido en una calle, perdido en un mar de páginas ilegilbles.
Perdón a nadie porque el amor no tiene por qué pedir perdón
No hay comentarios:
Publicar un comentario