Creyeron los banqueros que podían alzar al cielo una torre hasta tocarlo. Fundaron una religión de templos altísimos aunque insuficientes. Tomaron como súbditos a los dueños de su propio don dios dinero. Pero el cielo no se dejó tocar y Dios les ordenó dispersar su lengua engañosa y única, que se convirtió en incomprensibles jerigonzas hechas de excusas, pretextos, lamentos, declarativas de yonofuí, acusaciones de inexistentes persecuciones. Las ruinas de la torre erguidas siguen un lento desmoronamiento que apenas diecisiete años arañan. Torre de Babel le llaman.
sábado, 19 de febrero de 2011
Torre de Babel
Creyeron los banqueros que podían alzar al cielo una torre hasta tocarlo. Fundaron una religión de templos altísimos aunque insuficientes. Tomaron como súbditos a los dueños de su propio don dios dinero. Pero el cielo no se dejó tocar y Dios les ordenó dispersar su lengua engañosa y única, que se convirtió en incomprensibles jerigonzas hechas de excusas, pretextos, lamentos, declarativas de yonofuí, acusaciones de inexistentes persecuciones. Las ruinas de la torre erguidas siguen un lento desmoronamiento que apenas diecisiete años arañan. Torre de Babel le llaman.
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