
Suele admitirse sin mayor discusión que los arcoiris no pueden herir. Su luz blanca, descompuesta, fraccionada en siete luces diferentes, que siguen siendo una a pesar de todo, se debilita y de ninguna forma puede lesionar la piel, los ojos, el corazón.
Muchas fantasías además los asocian más bien al enriquecimiento, a la bondad. En la niñez difícilmente algo cause más curiosidad y mayor fascinación.
Pero los arcoiris pronto desengañan, pues algunos sabemos que su ilusoria composición es capaz de herir, de lastimar, de ocasionar hondas huellas que se repiten en una rueda sinfín, en heridas destructivas que simulan colorido y felicidad, pero que no fueron más que la diversión de un tiempo breve como el del roto cristal que permitió su efímera existencia...
Muchas fantasías además los asocian más bien al enriquecimiento, a la bondad. En la niñez difícilmente algo cause más curiosidad y mayor fascinación.
Pero los arcoiris pronto desengañan, pues algunos sabemos que su ilusoria composición es capaz de herir, de lastimar, de ocasionar hondas huellas que se repiten en una rueda sinfín, en heridas destructivas que simulan colorido y felicidad, pero que no fueron más que la diversión de un tiempo breve como el del roto cristal que permitió su efímera existencia...